Compartir música.
Creo que con lo que llueve y no lo digo por el tiempo primaveral que nos obsequia la naturaleza, no hay nada mejor que compartir, música, lectura, buena conversación, lo que sea para hacer más humana la época que nos toca vivir.
Hoy quisiera compartir con vosotros un buen tema de Jazz.
Night Train
Louis Prima (1957)
http://open.spotify.com/track/1pYkT0eYkd0XOokTgrwCJc
“Si no seguimos los vientos que nos mandan llegaremos a un lugar de aguas tranquilas de donde seguramente no saldremos nunca” “Shakespeare” Parece que en la sociedad actual el individualismo, el éxito ante todo y por encima de todo, el egoísmo son valores en alza, debemos romper esa dinámica y volver a ser capaces de sentir, soñar y comunicarnos. Pruébalo seguro que te engancha.
viernes, mayo 14, 2010
jueves, abril 29, 2010
Abrázate a la vida.
Este spot ya lo había visto hace días, pero lo había visto con la perspectiva que me da el haber trabajado toda mi vida en aspectos relacionados con la seguridad vial.
Pero hoy lo he recibido por correo electrónico, correo enviado por mi amigo Fernando Notaro, y lo he percibido de forma más amplia.
Es cierto que el cinturón de seguridad salva vidas, además en un número de personas increíble, desde que se inventara el cinturón de seguridad de tres puntos de anclaje, cinturón que habitualmente se utiliza en nuestros vehículos, más de un millón de vidas se han podido salvar, creo que nunca se lo podremos agradecer como se lo merece a su inventor, el Sr. Nils Bohlin.
Ciertamente podría estar escribiendo sobre el cinturón de seguridad un buen rato y ciertamente también lograría aburrir al más devoto de la seguridad, pero quiero lanzar una reflexión. ¿Cuál es el cinturón de seguridad que nos abraza a nuestra vida?, la familia, los amigos, el trabajo, el deporte, un poco de cada uno de los anteriores.
Seguramente tendremos tantos cinturones como personas, lo que es seguro que cada uno de nosotros necesita uno para poder vivir, lo cual me lleva a la segunda reflexión, ¿somos conscientes de cuál es nuestro cinturón de seguridad?, posiblemente es fácil entender que ciertamente en la vida se necesita un cinturón de seguridad, pero quizás más difícil saber cuál es el nuestro.
En definitiva, pon un cinturón de seguridad en tu vida…y conduciendo también
Este spot ya lo había visto hace días, pero lo había visto con la perspectiva que me da el haber trabajado toda mi vida en aspectos relacionados con la seguridad vial.
Pero hoy lo he recibido por correo electrónico, correo enviado por mi amigo Fernando Notaro, y lo he percibido de forma más amplia.
Es cierto que el cinturón de seguridad salva vidas, además en un número de personas increíble, desde que se inventara el cinturón de seguridad de tres puntos de anclaje, cinturón que habitualmente se utiliza en nuestros vehículos, más de un millón de vidas se han podido salvar, creo que nunca se lo podremos agradecer como se lo merece a su inventor, el Sr. Nils Bohlin.
Ciertamente podría estar escribiendo sobre el cinturón de seguridad un buen rato y ciertamente también lograría aburrir al más devoto de la seguridad, pero quiero lanzar una reflexión. ¿Cuál es el cinturón de seguridad que nos abraza a nuestra vida?, la familia, los amigos, el trabajo, el deporte, un poco de cada uno de los anteriores.
Seguramente tendremos tantos cinturones como personas, lo que es seguro que cada uno de nosotros necesita uno para poder vivir, lo cual me lleva a la segunda reflexión, ¿somos conscientes de cuál es nuestro cinturón de seguridad?, posiblemente es fácil entender que ciertamente en la vida se necesita un cinturón de seguridad, pero quizás más difícil saber cuál es el nuestro.
En definitiva, pon un cinturón de seguridad en tu vida…y conduciendo también
miércoles, abril 07, 2010
¿Como pudo pasarme esto a mí?
Quisiera reflexionar sobre los "accidentes" de tráfico, entrecomillo la palabra accidentes porque todo aquello que se puede evitar no debería considerarse accidente. Pero, ¿qué ocurre cuando se produce un accidente de tráfico?. Por mi trabajo he visto, leído y trabajado muchas situaciones indescriptibles e incluso personalmente me ha tocado vivir la muerte de un ser querido por un "accidente" de tráfico, pero nunca había sabia expresar como yo quería por mucho que me empeñaba los sentimientos tras una desgracia como esta.
Recuerdo con nitidez la pregunta de mi tía ¿porqué? ¿qué sentido tiene?, palabras de una madre que nunca superó este hecho.
Ahora y gracias a una canción he encontrado una forma de expresar y decir que es lo que ocurre.
Esto puede ocurrir, pongamos remedio entre todos
http://youtu.be/ZQ7oqmikZDQ
Quisiera reflexionar sobre los "accidentes" de tráfico, entrecomillo la palabra accidentes porque todo aquello que se puede evitar no debería considerarse accidente. Pero, ¿qué ocurre cuando se produce un accidente de tráfico?. Por mi trabajo he visto, leído y trabajado muchas situaciones indescriptibles e incluso personalmente me ha tocado vivir la muerte de un ser querido por un "accidente" de tráfico, pero nunca había sabia expresar como yo quería por mucho que me empeñaba los sentimientos tras una desgracia como esta.
Recuerdo con nitidez la pregunta de mi tía ¿porqué? ¿qué sentido tiene?, palabras de una madre que nunca superó este hecho.
Ahora y gracias a una canción he encontrado una forma de expresar y decir que es lo que ocurre.
Esto puede ocurrir, pongamos remedio entre todos
http://youtu.be/ZQ7oqmikZDQ
Hace tiempo que no actualizo el Blog, la verdad que por dejadez y por ocuparme del Blog del equipo de baloncesto donde juega mi hijo, cuestión que me llena de satisfacción y orgullo.
Pero hace un par de meses y por un comentario de un buen amigo mio volví la vista a mi Blog, y estaba buscando la oportunidad de seguir con él, y creo que no hay mejor manera que contar cosas que, por lo menos en mi caso, emocionen.
Es por eso que quiero incorporar el articulo publicado en la revista Travesía de la Editorial Tráfico Vial, de mi buen amigo Arturo.
Esto es un homenaje a ti, y a esas personas que nos ayudan desinteresadamente en la vida.
Una historia real narrada por Arturo Gómez.
Como marinero en tierra que soy, cada vez que tengo oportunidad vuelvo al lugar donde nací, que se caracteriza porque allí termina la tierra y empieza la inmensidad de la mar océana. Esta vez era la celebración de los primeros cincuenta años de un primo que, además, es un buen amigo. Los primos te vienen impuestos, pero los amigos los escoges tú. Éste es uno de ellos.
La verdad es que nos hacemos viejos, pero no nos damos cuenta hasta que nos vemos en el espejo de los demás.
Creemos que nos vamos a encontrar a las personas que hace mucho que no vemos, tal y como las recordamos. El problema no es que el recuerdo sea de hace muchos años, el problema es que
el recuerdo está idealizado. Viendo a mis primos veo la cantidad de años que he vivido… hasta ahora.
Decidí adelantar el regreso de mi viaje de fin de semana. No me gusta conducir de noche (otro síntoma de la edad). Me siento más seguro con la luz del día, aunque hoy, con las autovías que tenemos, la seguridad sigue siendo alta, incluso en la oscuridad. Pero el tiempo no era bueno. Llovía en abundancia. No suelo hacer mucho caso del tiempo que hace en Galicia, a la hora de viajar, pues en la meseta castellana el clima suele ser muy distinto. En la cornisa atlántica, el océano llora frecuentemente sobre el litoral, pero no suele pasar al interior.
Esta vez no fue así. Si hubiera leído las crónicas sabría que me iba a encontrar un temporal de agua y granizo. Otro síntoma de la edad: creerse por encima de las situaciones y despreciar los avisos.
Cuando pasé Tordesillas, después de cientos de kilómetros de abundante lluvia, los carteles de la autovía
pedían prudencia y avisaban de un accidente. Después de un cuarto de hora atascados, pudimos ver el panorama: un camión en la mediana junto con un turismo, y diez o doce coches destrozados por un golpe en cadena.
La Guardia Civil organizaba el caos producido por una tormenta fulminante de granizo, que había convertido el asfalto en una auténtica pista de patinaje. Me acordé que hacía tiempo que tenía que haber cambiado las cubiertas de mi coche. Creemos ahorrar, y apostamos que nada nos pasará, pero lo que apostamos es nuestra vida.
Pasado este primer caos, los conductores impactados empezamos una lenta procesión con nuestros coches sobre el granizo. Al cabo de treinta kilómetros, a la altura de Arévalo, vi algo que nunca antes había visto. Era como una tortuga boca arriba que giraba en el terraplén de un puente sobre la autovía, fuera de la calzada. La ausencia de sonido exterior hacía más irreal la escena. Era un coche dando vueltas de campana y girando sobre su techo. Mi reacción instintiva fue parar inmediatamente.
Los demás coches que me acompañaban creo que no se dieron realmente cuenta de lo que ocurría y
los siguientes que pasaron ya no lo podían ver.
Instintivamente cogí el chaleco, lo saqué de su bolsa sin estrenar, y me lo fui poniendo mientras bajaba el terraplén. Estaba asustado por lo que me podía encontrar. Llegó una pareja de la Guardia Civil, a la que
le había visto incorporarse con su coche a la autovía, en el cambio de sentido anterior. Lo primero que me preguntaron fue si estaban dentro.
Ellos saben bien que la gente –que no lleva cinturones de seguridad- sale despedida de los coches. Durante el tiempo que estuve con ellos, los guardias civiles mantuvieron en todo momento la calma, pero lo que más me llamó la atención fue la precisión de las preguntas que hicieron. Pocas, pero claves. Sencillas, pero expertas. “Ha debido frenar y con el granizo ha perdido el control”. Tal cual, pensé yo, admirado de la descripción de algo que él no había visto, pero yo sí.
El coche estaba al revés y, a través de los cristales, no se veía a nadie. Entre los tres abrimos la puerta que rozaba con la tierra. Uno de los guardias asomó la cabeza por el interior del vehículo.
“¿Va usted sólo?”, preguntó al conductor, antes de nada. Nadie más viajaba con él. “¿Está usted bien?”. El conductor estaba colgado boca abajo, sujeto por el cinturón que le había salvado la vida, junto con el airbag. “Agárrese, porque le voy a cortar el cinturón para que pueda salir”. Según se lo cortó, el hombre cayó sobre el techo y pudo salir por su propio pie. Parecía indemne y a la vista no presentaba ni un rasguño.
“¿Cómo se encuentra?”, preguntó el otro guardia. Le dolía un poco su costado izquierdo, fruto de alguno de los golpes del coche mientras daba vueltas. Le vi temblar de arriba abajo. Le pregunté si quería una manta, pues siempre llevo una en el coche para cuando los niños se quedan dormidos.
No, gracias, me dijo. “No se preocupe”, respondió uno de los guardias,“ahora le metemos nosotros en nuestro coche, mientras esperamos”.
Me di cuenta de que mi misión había concluido en aquel momento. Todo había terminado bien. En el poco tiempo que había estado con aquellos dos profesionales de la Seguridad Vial, me di cuenta de la grandeza de su labor, de lo que realmente hacen y de lo mucho que les necesitamos. Eran las cinco de la tarde y quedaban más de 130 kilómetros hasta casa. A las seis se haría de noche. El granizo en la carretera y el estado de mis neumáticos me recordaron que debía marcharme ya, inmediatamente. Aquel hombre accidentado estaba ahora en las mejores manos posibles. Yo ya no tenía más que hacer y me despedí de ellos. Me costó incorporarme de nuevo a la autovía. A pesar del granizo, los coches pasaban veloces. Cuando ya estaba en carretera, me recogí interiormente y di gracias a Dios por la suerte de aquel hombre, al que nada había pasado.
Llegué a casa hora y media después, muy cansado del sobre esfuerzo de atención en la carretera. Por el
camino había visto media docena más de coches bailando sobre el asfalto, y guardias civiles corriendo para socorrerles. Ese día, había un partido de fútbol importante, que no podía ver en mi televisión y abrí internet para ver cómo iban. Un sudor frío me recorrió todo el cuerpo. “Un guardia civil muerto y otro herido atropellados cuando atendían a un accidentado”.
No puede ser. Sí podía ser. Nada más dejarles, un coche les había atropellado a los tres. No les dio tiempo ni a subir al coche de la Guardia Civil. Si aquel hombre tembloroso hubiera querido mi manta, yo sería el cuarto atropellado junto con ellos. Si aquellos guardias no me hubiesen dicho que ellos se ocupaban de todo, o no hubiesen llegado a tiempo, yo me hubiera quedado. No era mi momento. Como tampoco era el momento de aquel hombre que, después de sufrir un accidente con su coche dando vueltas de campana, fue atropellado por otro coche y aquella misma tarde salió por su propio pie del hospital de Ávila. Era el momento de aquel guardia, que aquel día pasaba por allí y decidió cumplir con su deber una vez más. ¿Cuántas otras veces su vida habría estado en riesgo? ¿En cuántos otros accidentes puso su vida en peligro para atendernos a los demás por, quizá, una imprudencia nuestra? ¿Remunera nuestra sociedad esa disposición? ¿La valoramos nosotros? Desde ese domingo, cuando me levanto por las mañanas, pienso en la mujer de aquel guardia, en su madre, en sus hijos. Rezo una oración por ellos, y por mí. Soy consciente, desde esa tarde, que estoy vivo por unos instantes. Que la vida es un delicado milagro, del que quizá no somos muy conscientes. Y que muchas veces estamos vivos gracias a profesionales, como F.M.G. del destacamento deArévalo, que cada día ponen su vida a nuestro servicio.
Muchas gracias.
Descanse en paz. Amén.
Arturo Gómez Quijano
Socio Director de Zonawebste
Pero hace un par de meses y por un comentario de un buen amigo mio volví la vista a mi Blog, y estaba buscando la oportunidad de seguir con él, y creo que no hay mejor manera que contar cosas que, por lo menos en mi caso, emocionen.
Es por eso que quiero incorporar el articulo publicado en la revista Travesía de la Editorial Tráfico Vial, de mi buen amigo Arturo.
Esto es un homenaje a ti, y a esas personas que nos ayudan desinteresadamente en la vida.
Una historia real narrada por Arturo Gómez.
Como marinero en tierra que soy, cada vez que tengo oportunidad vuelvo al lugar donde nací, que se caracteriza porque allí termina la tierra y empieza la inmensidad de la mar océana. Esta vez era la celebración de los primeros cincuenta años de un primo que, además, es un buen amigo. Los primos te vienen impuestos, pero los amigos los escoges tú. Éste es uno de ellos.
La verdad es que nos hacemos viejos, pero no nos damos cuenta hasta que nos vemos en el espejo de los demás.
Creemos que nos vamos a encontrar a las personas que hace mucho que no vemos, tal y como las recordamos. El problema no es que el recuerdo sea de hace muchos años, el problema es que
el recuerdo está idealizado. Viendo a mis primos veo la cantidad de años que he vivido… hasta ahora.
Decidí adelantar el regreso de mi viaje de fin de semana. No me gusta conducir de noche (otro síntoma de la edad). Me siento más seguro con la luz del día, aunque hoy, con las autovías que tenemos, la seguridad sigue siendo alta, incluso en la oscuridad. Pero el tiempo no era bueno. Llovía en abundancia. No suelo hacer mucho caso del tiempo que hace en Galicia, a la hora de viajar, pues en la meseta castellana el clima suele ser muy distinto. En la cornisa atlántica, el océano llora frecuentemente sobre el litoral, pero no suele pasar al interior.
Esta vez no fue así. Si hubiera leído las crónicas sabría que me iba a encontrar un temporal de agua y granizo. Otro síntoma de la edad: creerse por encima de las situaciones y despreciar los avisos.
Cuando pasé Tordesillas, después de cientos de kilómetros de abundante lluvia, los carteles de la autovía
pedían prudencia y avisaban de un accidente. Después de un cuarto de hora atascados, pudimos ver el panorama: un camión en la mediana junto con un turismo, y diez o doce coches destrozados por un golpe en cadena.
La Guardia Civil organizaba el caos producido por una tormenta fulminante de granizo, que había convertido el asfalto en una auténtica pista de patinaje. Me acordé que hacía tiempo que tenía que haber cambiado las cubiertas de mi coche. Creemos ahorrar, y apostamos que nada nos pasará, pero lo que apostamos es nuestra vida.
Pasado este primer caos, los conductores impactados empezamos una lenta procesión con nuestros coches sobre el granizo. Al cabo de treinta kilómetros, a la altura de Arévalo, vi algo que nunca antes había visto. Era como una tortuga boca arriba que giraba en el terraplén de un puente sobre la autovía, fuera de la calzada. La ausencia de sonido exterior hacía más irreal la escena. Era un coche dando vueltas de campana y girando sobre su techo. Mi reacción instintiva fue parar inmediatamente.
Los demás coches que me acompañaban creo que no se dieron realmente cuenta de lo que ocurría y
los siguientes que pasaron ya no lo podían ver.
Instintivamente cogí el chaleco, lo saqué de su bolsa sin estrenar, y me lo fui poniendo mientras bajaba el terraplén. Estaba asustado por lo que me podía encontrar. Llegó una pareja de la Guardia Civil, a la que
le había visto incorporarse con su coche a la autovía, en el cambio de sentido anterior. Lo primero que me preguntaron fue si estaban dentro.
Ellos saben bien que la gente –que no lleva cinturones de seguridad- sale despedida de los coches. Durante el tiempo que estuve con ellos, los guardias civiles mantuvieron en todo momento la calma, pero lo que más me llamó la atención fue la precisión de las preguntas que hicieron. Pocas, pero claves. Sencillas, pero expertas. “Ha debido frenar y con el granizo ha perdido el control”. Tal cual, pensé yo, admirado de la descripción de algo que él no había visto, pero yo sí.
El coche estaba al revés y, a través de los cristales, no se veía a nadie. Entre los tres abrimos la puerta que rozaba con la tierra. Uno de los guardias asomó la cabeza por el interior del vehículo.
“¿Va usted sólo?”, preguntó al conductor, antes de nada. Nadie más viajaba con él. “¿Está usted bien?”. El conductor estaba colgado boca abajo, sujeto por el cinturón que le había salvado la vida, junto con el airbag. “Agárrese, porque le voy a cortar el cinturón para que pueda salir”. Según se lo cortó, el hombre cayó sobre el techo y pudo salir por su propio pie. Parecía indemne y a la vista no presentaba ni un rasguño.
“¿Cómo se encuentra?”, preguntó el otro guardia. Le dolía un poco su costado izquierdo, fruto de alguno de los golpes del coche mientras daba vueltas. Le vi temblar de arriba abajo. Le pregunté si quería una manta, pues siempre llevo una en el coche para cuando los niños se quedan dormidos.
No, gracias, me dijo. “No se preocupe”, respondió uno de los guardias,“ahora le metemos nosotros en nuestro coche, mientras esperamos”.
Me di cuenta de que mi misión había concluido en aquel momento. Todo había terminado bien. En el poco tiempo que había estado con aquellos dos profesionales de la Seguridad Vial, me di cuenta de la grandeza de su labor, de lo que realmente hacen y de lo mucho que les necesitamos. Eran las cinco de la tarde y quedaban más de 130 kilómetros hasta casa. A las seis se haría de noche. El granizo en la carretera y el estado de mis neumáticos me recordaron que debía marcharme ya, inmediatamente. Aquel hombre accidentado estaba ahora en las mejores manos posibles. Yo ya no tenía más que hacer y me despedí de ellos. Me costó incorporarme de nuevo a la autovía. A pesar del granizo, los coches pasaban veloces. Cuando ya estaba en carretera, me recogí interiormente y di gracias a Dios por la suerte de aquel hombre, al que nada había pasado.
Llegué a casa hora y media después, muy cansado del sobre esfuerzo de atención en la carretera. Por el
camino había visto media docena más de coches bailando sobre el asfalto, y guardias civiles corriendo para socorrerles. Ese día, había un partido de fútbol importante, que no podía ver en mi televisión y abrí internet para ver cómo iban. Un sudor frío me recorrió todo el cuerpo. “Un guardia civil muerto y otro herido atropellados cuando atendían a un accidentado”.
No puede ser. Sí podía ser. Nada más dejarles, un coche les había atropellado a los tres. No les dio tiempo ni a subir al coche de la Guardia Civil. Si aquel hombre tembloroso hubiera querido mi manta, yo sería el cuarto atropellado junto con ellos. Si aquellos guardias no me hubiesen dicho que ellos se ocupaban de todo, o no hubiesen llegado a tiempo, yo me hubiera quedado. No era mi momento. Como tampoco era el momento de aquel hombre que, después de sufrir un accidente con su coche dando vueltas de campana, fue atropellado por otro coche y aquella misma tarde salió por su propio pie del hospital de Ávila. Era el momento de aquel guardia, que aquel día pasaba por allí y decidió cumplir con su deber una vez más. ¿Cuántas otras veces su vida habría estado en riesgo? ¿En cuántos otros accidentes puso su vida en peligro para atendernos a los demás por, quizá, una imprudencia nuestra? ¿Remunera nuestra sociedad esa disposición? ¿La valoramos nosotros? Desde ese domingo, cuando me levanto por las mañanas, pienso en la mujer de aquel guardia, en su madre, en sus hijos. Rezo una oración por ellos, y por mí. Soy consciente, desde esa tarde, que estoy vivo por unos instantes. Que la vida es un delicado milagro, del que quizá no somos muy conscientes. Y que muchas veces estamos vivos gracias a profesionales, como F.M.G. del destacamento deArévalo, que cada día ponen su vida a nuestro servicio.
Muchas gracias.
Descanse en paz. Amén.
Arturo Gómez Quijano
Socio Director de Zonawebste
sábado, enero 13, 2007

Mi viaje a Guadalajara México.
Se ha celebrado en Guadalajara (México) la décima edición Expo transporte 14, 15 y 16 de noviembre de 2006 http://www.expotransporteanpact.com.mx/
Realmente he podido comprobar como el transporte en México está en plena evolución siendo un sector muy activo y sin duda con un gran futuro de crecimiento económico y a todos los niveles.
Además de exponerse todos los avances en automoción y accesorios, pude comprobar el interés por la formación de los conductores. En el stand de nuestros socios en México Dinanyc Courtex, pudimos mostrar a los responsables de grandes empresas nuestros productos en multimedia que ayuda a la formación de los conductores, como son el software Conductor profesional, Conducción Multimedia y el Mecánica Virtual. Con esto Etrasa inicia una interesante colaboración en Latinoamérica en el área de los conductores profesionales, siendo nuestra punta de lanza nuestros programas en multimedia.
Pero no sería justo pasar por alto la gran acogida personal que me dispensaron, no solamente por nuestros socios, si no por todas aquellas personas que conocí en esos días que pasé en México.
Gracias a todos y especialmente a Fernando, Ana, Cynthia, Juan Carlos, que me ofrecieron toda su amistad y cariño.

Gracias a Ana por mostrarme su obra, me gustaría poder compartir con todos.
miércoles, agosto 09, 2006
Bienvenido a mi blog,
¿Por qué una persona se ve motivada a crear un espacio de opinión?
Supongo que debe haber tantas motivaciones como blogs publicados, pero lo que si tengo claro es mi motivación.
Me gustaría hacer de este espacio, un espacio para compartir, debatir, opinar sobre todas aquellas cosas que nos preocupan, nos ocupan, nos emocionan, nos alteran, nos hacen reflexionar, en definitiva por todas aquellas cosas que nos dan el rango de personas.
Como la mayoría tengo mis inquietudes, mis intereses, mis sueños, me gusta las relaciones entre las personas, mi trabajo, el deporte y sobre todo mi familia.
Pero una de las causas que más me motiva en la creación y mantenimiento de esta página no es otra que plasmar aquellas cosas que quiero compartir y que me hacen reflexionar a mi mismo.
Por todo ello bienvenidos.
Manuel Nogales Romero.
¿Por qué una persona se ve motivada a crear un espacio de opinión?
Supongo que debe haber tantas motivaciones como blogs publicados, pero lo que si tengo claro es mi motivación.
Me gustaría hacer de este espacio, un espacio para compartir, debatir, opinar sobre todas aquellas cosas que nos preocupan, nos ocupan, nos emocionan, nos alteran, nos hacen reflexionar, en definitiva por todas aquellas cosas que nos dan el rango de personas.
Como la mayoría tengo mis inquietudes, mis intereses, mis sueños, me gusta las relaciones entre las personas, mi trabajo, el deporte y sobre todo mi familia.
Pero una de las causas que más me motiva en la creación y mantenimiento de esta página no es otra que plasmar aquellas cosas que quiero compartir y que me hacen reflexionar a mi mismo.
Por todo ello bienvenidos.
Manuel Nogales Romero.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)