viernes, agosto 23, 2019

Carta a mi madre

Madre permíteme que te llame por tu nombre, Ana, ¡que bonito nombre tienes!

Siempre me enamoraste, y no lo digo con los ojos de hijo, lo digo con el corazón, con ese corazón tuyo que partías en trocitos para dar tu amor a aquellos que lo querían.

Ayer te fuiste de viaje, me decías que tus hermanas te llamaban y yo pensé que no te irías, que aún tenías muchas cosas que hacer aquí, pero no te pude retener, decidiste que era el momento, me dejaste triste porque yo te quiero a mi lado, pero me enseñaste que el egoísmo no era bueno.

Una vez leí a Mafalda, y decía “que compartir es morir un poco” pues es verdad, muero un poco de tener que compartirte con las estrellas, aunque pueda mirarlas cada noche, las veo muy lejos.

Madre, cuantas cosas nos hemos dicho estos días, y cuantas más me gustaría decirte, pero ya no es posible aunque sé que las sabes, hablábamos sin mediar palabra, nos mirábamos y sentíamos lo que pensábamos, yo me hacia el despistado y tú me decías que te ibas a marchar y no te quería escuchar.

Ana te quiero, gracias por darme la vida por enseñarme a compartir, a pensar en los demás, a dar sin esperar a recibir, gracias por tus enseñanzas que orgulloso trasmitiré a mis hijos, gracias por sentirte orgullosa de mi, pero que sepas que yo me siento mucho más de ti!

Ana te fuiste cuidando de todos y preocupada por todos cuando nosotros éramos los que debíamos pensar en ti.

Ana buen viaje y ahora que estarás con tus hermanos saca esa sonrisa que hacía brillar tus ojos azules.

Madre, te quiero.

jueves, agosto 08, 2019

A propósito de la sanidad


Hace tiempo que quería escribir sobre la sanidad, sobre nuestra sanidad, sobre las personas que día tras día se enfundan en uniformes blancos, verdes o azules y que más allá del día, la hora o la estación del año están dispuestas a ofrecer lo mejor de ellos.

Podríamos hablar de los grandes médicos que tiene este país, grandes doctores de reconocimiento mundial que si nos ponemos a escribir de ellos podríamos pasar horas y páginas resaltado su labor. Aquí queda mi reconocimiento y admiración.

Pero en realidad quiero hablar de la "tropa", de ese ejercito de personas sonrientes, especiales y con grandes dosis de ayuda al prójimo que flanquean a los doctores y que son verdaderas lugartenientes. Hacen que nuestro paso por un centro de asistencia o un hospital sea lo mejor posible.

Todos somos público objetivo de la sanidad, todos la hemos necesitado, vamos a necesitarla o en su caso necesitamos de ella en este momento. Bajo mi prisma la sanidad es poliédrica, pero tiene dos grandes lados a resaltar, la de las personas que la gestionan (con ellos no va esta reflexión) y aquellas que dan todo lo que tienen a su alcance, incluida sus emociones, para mejorarnos día a día.

Vivimos épocas de recortes, de querer dar resultados a toda costa, se habla de sostenibilidad, de crecimiento y me parece bien, pero esos baremos no podemos aplicarlos a nuestra sanidad, una de las mejores del mundo a pesar de sus gestores y políticos, ni a la educación (otro día escribiré sobre ella) No quiero idealizar, porque hay margen de mejora, pero tampoco hacer un ejercicio de flagelación, como diría mi madre todo el campo no es orégano.

La relación que he tenido con la sanidad siempre me ha emocionado y siempre digo lo mismo, que poco reconocimiento y que mal pagada están estas personas, y más aún cuando alzas la mirada y ves otros sectores y los comparas con este magnífico ejército de personas que te curan, te cuidan, que cuando tus miedos te invaden sacan la mejor de sus sonrisas, te hablan y te dan una dosis rápida de esperanza, ¿qué será ese medicamento tan poderoso? hace verdaderos milagros.

Ahora en la habitación de un hospital junto a la cama donde descansa mi madre mirando por la ventana observando un bonito paisaje pensé que era el momento de rendir un modesto homenaje a las enfermeras y auxiliares que día a día desde que estamos aquí además de la prescripción de los doctores, ellas aportan su dosis de esperanza. Gracias a todos los que se han cruzado en mi vida y que me han ayudado, gracias a los que aún se tiene que cruzar y que sé que lo darán todo, porque de eso se trata, dar todo por los demás, bonito ejemplo para generaciones venideras en un mundo tan competitivo que si no hay un retorno no vale la pena actuar.

Se que en cuestiones de salud se trata de librar batallas, y que unas se ganan y que otras se pierden, en mi caso la estamos librando ahora, y la libramos con la serenidad y confianza en esas grandes personas que hacen grande a la sanidad.

Únicamente pido a políticos y gestores que respeten, que apoyen, que doten de recursos y sobre todo que estén a la altura de las personas que ellos mismos gestionan y que hacen que la sanidad española esté donde está.

GRACIAS

Manuel Nogales Romero

lunes, mayo 20, 2019

Etrasa participa en la jornada sobre la actualización del RD 70/2019 del Departament de Territori de la Generalitat de Catalunya


El crecimiento de las sociedades y del transporte, sea de personas o de mercancías, están íntimamente ligados; la evolución social y económica de nuestra sociedad tiene mucho que ver sin duda con el transporte.

Actualmente la sociedad está viviendo continuos cambios de paradigmas, cambios cada vez más rápidos y exigentes. Sin lugar a dudas es la industria 4.0  (la era de la digitalización) la que está imponiendo cambios rápidos, ya no es suficiente con transportar, mover mercancías de un lugar a otro, y entregarlas. 
Hay otros aspectos que cobran una importancia capital: seguridad, limpieza, aplicación de nuevas tecnologías, descarbonización, aplicación de sistemas inteligentes y automatización, entre otros. Y estos aspectos dan lugar a la concepción de movilidad tal como dice la propia Comisión Europea.

El modelo tradicional de transporte está superado. La sostenibilidad del transporte estriba en crear una  movilidad  segura, limpia y conectada o incluso autónoma. Mientras el transporte no se enfoque hacia estos objetivos, el modelo de transporte no irá avanzando en su sostenibilidad y no podrá hacer frente a los nuevos retos que se le presenta.

Quiero centrar mi aportación en dos cuestiones que entiendo primordiales para entender hacia dónde se dirige el sector del transporte:

1ª El papel del capital humano en un sector tan dinámico y vertebrador de las sociedades.

2ª La creación de un sector atractivo para las personas a través de la formación en todos los ámbitos.



El papel del capital humano en un sector tan dinámico y vertebrador de las sociedades

Si tuviéramos que hablar del papel del capital humano en un sector tan dinámico y vertebrador de las sociedades como es el transporte, se podría resumir con un adjetivo: “importante, muy importante”.

En la actualidad, en tres países de nuestro entorno como son Francia (23.000), Italia (15.000), Alemania (45.000) y España (12.000) nos encontramos con la realidad de necesitar más de 95.000 conductores. Una realidad que impacta sobre la necesidad de crecimiento y desarrollo de una actividad que aporta aproximadamente un 3% del PIB en nuestro país.

Una tercera parte de los empleados en transporte europeo superan los 50 años de edad. En España el problema es mayor ya que el 72% supera los 50 años y la mujer representa únicamente el 21% de los empleados. Sin duda estamos abocados (ya sucede) a la falta de trabajadores, siendo el acceso a la profesión de jóvenes y mujeres un factor necesario y que aportará claros beneficios.

La Comisión Europea se ha planteado el objetivo de desarrollar una política para atraer a más mujeres al sector y, con la reducción de la edad para acceder a determinados permisos, hacer más atractivo el sector a los jóvenes. En definitiva, conseguir atraer a capital humano con competencias suficientes que puedan dar respuesta a los retos, no del futuro sino ya a los actuales.

Si analizamos Alemania, y tenemos en cuenta que más del 84% de los bienes se transportan por carretera y del perfil de sus conductores (edad media 47 años), en los próximos años ese país necesitará 150.000 conductores.

¿Cuál es el futuro del capital humano en el sector?

Nuevos retos, nuevas necesidades y nuevas competencias para hacer frente a este cambio de paradigma. Estos son los retos que debe afrontar el capital humano que integre el sector transporte, sea en el ámbito de las mercancías como en el de viajeros.

La innovación y el desarrollo de modelos económicos basados en la digitalización avanzan a una velocidad impensable hace simplemente un par de décadas, de tal forma que ya se habla de la cuarta revolución industrial, y el transporte no es ajeno a ello. Estos son los motivos por los que debemos enfrentarnos a nuevos retos, nuevas necesidades, nuevas competencias, dar respuestas a las demandas que se van a plantear, que darán lugar a nuevas especializaciones y formas de actuar en el sector.

Por otro lado, si observamos la evolución en cuanto a ocupación, en la actualidad ya hay más empleos que en el momento de eclosión de la crisis en el año 2008. Estos empleos ya no se cubren con las mismas competencias que el personal disponía entonces, en estos 11 años han aparecido nuevas necesidades, nuevas forma de actuación que demandan mayor cualificación y profesionalización de los trabajadores. Esto necesariamente no es un problema, es sin duda una oportunidad y así es como debemos observarlo y entenderlo.

¿Qué se necesita? Formación, educación y sensibilización de conductores y profesionales del transporte facilitando la incorporación de la mujer a este nuevo modelo para avanzar hacia una movilidad sostenible de la que habla la Comisión Europea. Hacer del sector un sector atractivo y de futuro, vertebrador de oportunidades y de crecimiento, huir de ser un sector “refugio”. Sin lugar a dudas, yo le veo un gran presente y un gran e interesante futuro.


La creación de un sector atractivo para las personas a través de la formación en todos los ámbitos

Haciendo referencia el título de la de mesa debate, “Valoración de las novedades y propuestas de futuro”, conviene recordar que las continuas modificaciones en la normativa del transporte han perseguido no únicamente la adaptación a un marco europeo y a las nuevas necesidades que se presentan. Sino que también han perseguido y persiguen la mejora y profesionalización del sector para lograr que los integrantes del sector cuenten con las competencias necesarias para afrontar el reto que impone el transporte y la logística.

Como hemos comentado, el sector debe ofrecer retos y la posibilidad de desarrollo, así como cambiar su imagen. La sociedad debe ser consciente de que es un sector vertebrador, a la vez que atractivo, para desarrollar una carrera profesional y conseguir un crecimiento personal. Es necesaria  la formación, educación y  tal como ya se ha comentado la facilitación de la incorporación de la mujer a este nuevo modelo para avanzar.

Las carencias deben ser cubiertas e impulsar la adquisición de competencias tecnológicas, idiomas, automatización de procesos, etc. Pero sin la ayuda del sistema educativo esto será muy complicado conseguirlo y hará que sigamos en el eterno bucle de no aproximarse al sector por la imagen poco atractiva, y de poca consideración social. ¿A quién le gusta estar en un sector no reconocido?
           
No cabe duda que esto se debe articular desde la educación, acceso de carrera en el transporte y la logística en cualquiera de sus ámbitos, desde los más básicos a los intermedios y finalmente las formaciones superiores.

Para ello no únicamente debemos contar con el acceso tradicional a la profesión, permiso de conducción y el CAP u otras autorizaciones; debemos pensar en los certificados de profesionalidad, grados medios y grados superiores, formaciones regladas que pueden ayudar al cambio. La modificación de la Directiva 2006/126/CE ayudará sin duda a poder acceder al permiso de conducción a una edad compatible con este tipo de formaciones: C1, 18; C1+E, 18; C, 18; C+E, 18; D1, 18; D1+E, 18; D 21 y D+E, 21.

Conseguir esta sostenibilidad no depende exclusivamente de una inversión en nuevas tecnologías o sistemas menos contaminantes, en la incorporación de la última tecnología en el vehículo, que también, sino en conseguir que el factor humano acceda a esta profesión con una perspectiva de futuro, de reto, de crecimiento, de pertenencia. Sin duda resultará determinante para hacer de este sector un sector más profesional y más atractivo que atraiga cada vez a más y mejor capital humano.

miércoles, enero 16, 2019

2018, ¿punto de inflexión o flor de un día en la reducción de la accidentalidad?


Si en 1990, fecha en la que se fueron publicadas las cifras del año anterior (1989), me hubieran dicho que treinta años después (2018) el número de fallecidos ascendería a 1.180, posiblemente no lo hubiera creído. Una reacción sin duda fruto de la desconfianza, de la propia ignorancia y de la resignación. Afortunadamente en este país se han tomado decisiones, se han realizado inversiones y se ha hecho tomar conciencia a los ciudadanos, por esta razón la cifra de fallecidos de este año que acabamos de dejar es totalmente inaceptable.
Tras unos años de estancamiento en el número absoluto de víctimas de accidentes de tráfico y con una sensible tendencia al alza, no únicamente en España, sino en toda Europa, me pregunto si el descenso de -1,5% de fallecidos y un -7,6 de personas hospitalizadas será el punto de inflexión para retomar la senda del riesgo 0.

Con un parque de vehículos en aumento, un incremento de la movilidad y un censo de conductores prácticamente estabilizado, este descenso puede parecer un buen dato, pero no lo es. Sinceramente creo que nos queda un gran trecho por conquistar y conseguirlo me parece que no ha de depender de un exceso regulatorio sino de la concienciación de las personas, de la inversión en las vías y de los avances tecnológicos.
Si observamos atentamente la radiografía de la accidentalidad de 2018, vemos que la foto no varía respecto a años anteriores: el 80% de los fallecidos son varones y el 74% de las víctimas se produjeron en carreteras convencionales, el único cambio o variación que se está produciendo es una tendencia al alta en el numero de vulnerables que fallecen, alcanzando ya un 35% de las víctimas.
Sin duda ahí tenemos una nueva variable a tener presente para el futuro más mediato, la regulación de los vehículos de movilidad personal (VMP) que, por su pluralidad y versatilidad, están presentes en nuestras vías a falta de una regulación concreta.
En relación a la edad, la más afectada es la de mayores de 65 años, seguida por la franja de 45 a 54 años. Curiosamente las personas que actualmente están entre los 60 y 65 años son los que se encontraban en el segmento de los 30 años cuando se dio el pico de mortalidad mayor en España (1989), siendo aquella la época en la que los jóvenes aportaban el mayor número de víctimas.
Todo esto me lleva a plantearme esta pregunta: ¿es 2018 un punto de inflexión o flor de un día en la reducción de la accidentabilidad?
Si me preguntaran si dentro de 20 o 25 años en nuestro país se habrán erradicado las muertes por accidente de tráfico, diría que sí, que se puede conseguir de forma fehaciente y realista el anhelado riesgo 0. Pero no bastará únicamente con la regulación y la legislación, será necesaria una mayor inversión en el mantenimiento de nuestras vías, los avances técnicos se harán más visibles a los vehículos y las vías, y la renovación del parque móvil jugará también un papel muy importante.
No obstante, si ustedes me preguntan cuál será el hecho diferenciador, sin ninguna duda diré que el factor humano: las personas deben tomar conciencia, respetar las normas, empatizar con el resto de usuarios y son fundamentales para lograr que la movilidad sea segura y que no perdamos la vida en las carreteras.


Manuel Nogales Romero
Director Desarrollo
Etrasa

jueves, diciembre 06, 2018

Encuentro con Emilio Sidera. 2003-2018: Quince años de CAP en Europa

Hemos mantenido un encuentro con Emilio Sidera, Subdirector de Normativa del Ministerio de Fomento, en el que hablamos sobre la trayectoria del CAP, desde la aparición de la Directiva 2003/59/CE a la actual 2018/645, que dará paso a una nueva transposición.
Encuentro en el que conceptos como formación, profesionalización, calidad, flexibilidad, tecnología de la información (TIC), mejora o futuro fueron tratados en un contexto de análisis y progreso de un futuro inmediato, a la espera de la adaptación de la Directiva 2018/645 a nuestra nueva normativa.
Sin lugar a dudas, el factor humano juega un papel esencial dentro del desarrollo de la actividad de una empresa de transporte, suponiendo un importante coste que representa entre el 30 y el 40%; la empresa es consciente de esto, y por eso podemos entender que, cada vez más, se apueste por un personal (conductor) profesionalizado.
Esta es la razón por la que la formación es una inversión estratégica y necesaria para lograr esos estándares de profesionalización, que el CAP evidenció, y continuará siendo una herramienta válida, aunque no única, para lograr esa profesionalización.
No será la única herramienta, en tanto en cuanto, ya contamos con la formación profesional reglada, los grados del transporte que, con sus 2.000 horas de formación, preparan a jóvenes para afrontar los retos de entrar y desarrollar su actividad profesional en un sector estratégico de nuestra sociedad. Si a esto le sumamos la rebaja de edades en el acceso a los permisos de conducción, sin duda actuará como un resorte que impulse a esta formación profesional para ser una vía de acceso a la profesión, ya que permitirá que los jóvenes entre 18 y 21 años puedan acceder a ser conductores de mercancías o viajeros respectivamente.
Emilio Sidera comentó que en la modificación del nuevo ROTT, prevista para enero de 2019, ya se van a introducir algunas nuevas cuestiones de mejora del CAP previa a la transposición como la obligación que para la cualificación inicial se puedan realizar controles biométricos para  demostrar que el conductor ha seguido el curso adecuadamente. La Dirección General de Transportes establecerá las especificaciones técnicas que deberán garantizar la seguridad y fiabilidad de dichos controles.
Pero antes de abordar el futuro, debemos pararnos y ver qué ha representado el RD 1032/2007, que nace de la adecuación a nuestro marco normativo de la Directiva 2003/59/CE, y con el que se puso en marcha en nuestro país todo un sistema que, a día de hoy, ha permitido autorizar más de 4.300 centros, realizar más de 170.000 cursos y formar a más de 1,1 millones de alumnos (entre la formación inicial y la continua).
En palabras del Subdirector de Normativa “el Ministerio de Fomento está satisfecho” con el RD que ha resultado de la transposición, a la vez que son conscientes de que hay aspectos susceptibles de mejora.

¿Cuándo llegará la nueva transposición?
Si bien, la Directiva 2018/645 da de plazo a los países miembros hasta 2020 para realizar la transposición, el Ministerio de Fomento espera poder tenerla a lo largo de 2019, ya sea a través de una modificación del RD actual o de un nuevo RD más ambicioso. En cualquier caso, todo hace pensar que 2019 será un año en el que el CAP tendrá una nueva reglamentación

¿Qué novedades nos traerá la nueva transposición?
La mayoría de las cuestiones ya están indicadas en la Directiva, y será el Ministerio de Fomento quien dará forma para encajarlas en nuestro sistema normativo. Pero lo que no cabe duda es que, por parte de la administración, se quiere mejorar: la calidad de la formación, la de los profesores y, por ende, que los alumnos salgan mejor formados y con las suficientes competencias profesionales.
Una de las reflexiones del Subdirector ha sido la necesidad de continuar la línea de calidad de nuestros centros CAP, apostando por aquellos que impartan todas las formaciones a los conductores.
Por otro lado, también hablamos del e-learning, la posibilidad de convertir la formación en cursos semi-presenciales es una cuestión interesante, siempre que se pueda realizar de forma segura y no se falsee el sistema. A su vez, se pretende revisar la mecánica de los cursos y exámenes homogeneizando el grado de dificultad en toda España, para ello se piensa informatizar los exámenes dotando al sistema de una mayor flexibilidad, evitando las convocatorias y dando uniformidad en todo el país.
Con este sistema se otorgaría la posibilidad de conocer los resultados obtenidos por los alumnos de cada centro, datos que podrían servir para determinar lo que ocurre en aquellos centros con un nivel de suspendidos que sea discordante con el resto, dando así la oportunidad de actuar en consecuencia. Y esto nos lleva a una puntualización importante que hizo Emilio Sidera: en la transposición se quiere resaltar y aclarar que la autorización de los centros CAP es de ámbito nacional y, por lo tanto, su actuación podrá ser en cualquier parte del país sin ningún género de dudas.

¿Qué novedades hay en cuanto a la formación Continua?
Una de las cuestiones de la que más se ha hablado desde la aparición del CAP es la posibilidad de dotar de formación práctica a la formación continua.  Y esta es una posibilidad que se podría analizar para aquellas cuestiones que mejoren la formación,  bien sea con vehículos o con simuladores; también se exploraría si es necesario o no la realización de exámenes obligatorios o, en su caso, la implantación de una evaluación continua.
En cuanto a los contenidos, tanto en la formación inicial como en la continua, se deberán adaptar a las indicaciones de la Directiva 2018/645; se pretende que la formación continua, concretamente, se adapte a las necesidades específicas de los conductores con un mínimo de contenidos comunes.
En definitiva, el encuentro con Emilio Sidera, Subdirector de Normativa del Ministerio de Fomento, fue muy productivo; destacaríamos la labor realizada desde la implantación del CAP, en 2007, hasta la actualidad por parte de todos los que integran el sistema: Administración, centros, formadores, alumnos, empresas, asociaciones y sindicatos. Todos han ayudado a conseguir un buen sistema que ahora deberá ser modificado y mejorado con el objetivo de incrementar la calidad y conseguir conductores más profesionalizados.

Manuel Nogales Romero
Director Desarrollo
Etrasa

martes, noviembre 06, 2018

El factor humano ante el nuevo paradigma de la conducción

La humanidad desde sus orígenes ha sido nómada y, a medida que se iba asentando en un lugar concreto, se fue manifestando la necesidad de solucionar el problema derivado del transporte de personas y cosas, a la vez que se debía hacer frente a los problemas y el impacto que tenía esto en la sociedad, en el territorio y en el propio individuo.

Los desplazamientos comenzaron a pie, con animales o en carromatos; la aparición del transporte sobre raíles data de 1515 (funicular[1] en Austria sobre raíles de madera), en 1812 se presentó la primera locomotora[2] funcional y el automóvil de vapor Cugnot[3] en 1769, con la segunda versión se produjo el que podría considerarse primer accidente automovilístico de la historia al resultar imposible el correcto manejo del monumental vehículo, que acabó chocando contra una pared y que se derrumbó fruto del percance.

En cuanto a la movilidad, siempre se ha buscado que mejore incorporando mayor capacidad de carga, mayor velocidad, mayor comodidad, siendo evidente el impacto social, económico, cultural, jurídico e industrial que ha supuesto desde sus inicios.

Esta búsqueda de la mejora, del incremento de la carga o de personas transportadas, de la reducción de las distancias, de la comodidad y, sin duda, de la seguridad nos ha estado acompañando a lo largo de los siglos.

Desde sus inicios, el conductor ha sido actor y público de los avances que ha vivido la conducción y ha tenido que adaptarse a ellos. A lo largo de la historia se ha observado la necesidad de dotar de competencias, de una forma más o menos reglada, a aquellos que conducían cualquier tipo de vehículo. Un dato singular, yo diría incluso anecdótico, es la existencia hace dos milenios, en China, de escuelas especializadas en la enseñanza de la conducción de carros de mano que transportaban personas. Pero, más allá de estas cuestiones, vamos a centrarnos en nuestra historia más reciente. Hace 60 o 70 años, el automóvil y el transporte en general, en definitiva, la movilidad era esencial para el desarrollo social y económico de los territorios; gracias a ella se podían unir localidades con relativa facilidad, expandir el comercio e incluso mejorar la calidad de las personas, no debemos olvidar a los médicos, profesores o párrocos rurales cuya labor no se podría desempeñar sin un medio de transporte.

Aquellos conductores con sus competencias debían hacer frente a un número de exigencias, si no elevado, sí de gran impacto en la seguridad y en el transporte. Conductores que tenían un elevado conocimiento del vehículo que les permitía solucionar incidencias en ruta y seguir con el viaje o con el desarrollo de sus tareas, todo ello en unas vías que no habían evolucionado al ritmo del transporte y que se hacían pequeñas, siendo una exigencia más a la que el conductor hacía frente con sus capacidades.

Ya avanzado en siglo XX, hacia la mitad de la década de los 80, la movilidad sufrió su primer gran cambio en lo que hace referencia a los vehículos; aparece la electrónica y la complejidad mecánica se elevaba, lo que supone una nueva adaptación y un ajuste de competencias por parte del conductor. Por otro lado, en esa época nos encontrábamos en pleno desarrollo viario, las carreteras mejoraban, las rutas de más afluencia se desdoblaban o, en todo caso, la plataforma crecía para circular por ellas de forma más cómoda y segura.

A finales de los 80, concretamente en 1989, se da el número más elevado de muertos por accidente de tráfico en nuestro país: 9.344 fallecidos, que supone 779 personas al mes o, lo que es lo mismo,  25 personas al día. Dejen que me permita una licencia, una sin razón.

A partir de ese momento, y como punto de inflexión, la sociedad fue consciente que la movilidad debía ser segura y que los accidentes de tráfico no son ningún tributo que se debe pagar por disponer de una movilidad que nos ofrece viajar o transportar mercancías sin apenas barreras.

Nuestro país ha sufrido graves accidentes de tráfico que han dejado huella en la memoria de la sociedad. El de los Alfaques, el 11/7/1978,  accidente de un vehículo que transportaba mercancías peligrosas en un camión cisterna sin apenas medidas de seguridad y que los técnicos atribuyeron a una BLEVE. El sobrellenado del tanque causó la ruptura hidráulica de la cisterna, con la consecuente evaporación y expansión del gas licuado, provocando una explosión de tipo BLEVE. Esta fue la causa oficial según el tribunal de Tarragona.[4] En este accidente fallecieron 243 personas y resultaron heridas 300.

El 6 de diciembre de 1991, 17 personas murieron calcinadas tras una colisión múltiple en la autopista A-8 cerca de Amorebieta. Y el 6 de julio de 2000, 22 estudiantes de entre 14 y 16 años murieron cerca de Soria en una colisión del autocar donde viajaban con un camión.

La administración cogió las riendas del cambio impulsando cambios normativos, pasando del Código de Circulación del 25 de septiembre de 1934 a la Ley 18/1989 de 25 de Julio, de bases sobre tráfico, Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial que abrió el camino a la norma de referencia: la Ley sobre Tráfico Circulación de Vehículos a Motor y Seguridad Vial aprobada por Real Decreto legislativo 339/1990 de 2 de marzo.

Sin ánimo de ser exhaustivo en el desarrollo de la norma, señalaré la importancia que tuvo en la mejora y la disminución de los accidentes la publicación de los diferentes reglamentos que regulaban comportamientos, medidas técnicas y de seguridad y que nos acercaba a la legislación Europea cohesionando con otros países que llevaban tiempo luchando con esta lacra. Cuestiones como el cinturón de seguridad o el casco, que en aquellos años de máxima siniestralidad eran para muchos conductores elementos de adorno, pasaron a ser tratados con una regulación más acurada.

Posteriormente, la aparición del carné por puntos fue todo un acierto. En poco tiempo observamos cómo se iba reduciendo la mortalidad, sin olvidar la constante mejora de los vehículos en cuanto a seguridad pasiva y activa que, sin duda, han aportado mucho en estos últimos años.

Desde el lado internacional, el compromiso de la reducción de la mortalidad en las vías se consideró un compromiso mundial, un objetivo a conseguir. Tanto la ONU como la UE han establecido planes decenales que piden una reducción del 50% de la muertes en las carreteras, precisamente en 2020 acabará el segundo plan, que se encuentra muy lejos del objetivo marcado.

En conclusión, desde los años 50 a la actualidad el crecimiento de la movilidad en las carreteras ha sido constante, como también lo ha sido el aumento de los accidentes de tráfico que lo han acompañado. La mejora de las vías y la de los vehículos, así como la regulación de nuevas normas,  han sido medidas que han impactado positivamente en el incremento de la seguridad en las vías, hasta el punto de llegar a posicionar a España entre los 5 países de la UE con “mejores números” en cuanto a mortalidad (si se puede considerar que hablar de muertos en carreteras tiene algo de bueno). En la actualidad, y tras varios años sin lograr mejorar, en realidad con un ligero aumento de la mortalidad, hemos perdido algún puesto en la clasificación, motivo por el cual deberemos seguir trabajando para lograr el soñado riesgo 0.

¿Y el factor humano? ¿Qué ha aportado y qué deberá aportar en el futuro? ¿Cuáles serán las nuevas exigencias a las que deberemos hacer frente los conductores? En definitiva, ¿cuál será el nuevo paradigma de la conducción?

La concienciación, la educación y el respeto han sido, son y serán elementos claves en la reducción de los accidentes de tráfico. Podemos circular con el mejor vehículo, por la mejor vía, pero si no somos conscientes, si no disponemos de las competencias necesarias y no cumplimos las normas, el esfuerzo técnico, el esfuerzo inversor en el mantenimiento y adaptación de las vías y vehículos no será suficiente para seguir disminuyendo los accidentes de tráfico.

Para dar respuesta al título de la intervención, quiero centrarme en el ámbito profesional, en aquellas personas que dedican su vida al transporte, ya sea de mercancías o de personas, y que hacen posible que nuestra vida sea más fácil.

El crecimiento[5] de las sociedades se evidencia más íntimamente con los cambios de paradigma a los que se ve sometida. Los modelos económicos de gestión, por ejemplo, son modelos que se crean, se desarrollan y dejan de ser útiles.

Las personas estamos constantemente tras la mejora continua, una vez cubiertas determinadas necesidades, buscamos mejorar y crecer. Lo mismo le sucede a las sociedades, los modelos sostenibles son, en la actualidad, una cuestión que está en pleno debate y que aparece en todos los ámbitos, así que el transporte y la logística no se encuentran ajenos a este debate.

Ante la pregunta sobre cuál será el nuevo paradigma de la conducción, la respuesta tiene tantas matizaciones como ámbitos tiene el transporte. Pero no tan solo se debe pensar en la forma en que lo conocemos ahora, sino en cómo deberá ser el día de mañana, cómo se proyectará en el tiempo y qué necesidades deberá cubrir.

En el año 2000, Nicholas Negroponte, gurú de las TIC, acuñó el término “indigentes digitales” que, paradójicamente, no está relacionado con ser del norte o del sur, ni tampoco con el nivel o potencial económico, pero sí que está relacionado con nuestra relación con las tecnologías de la información y la comunicación y con la era digital.

No paramos de innovar y desarrollar modelos económicos basados en la digitalización a una velocidad impensable hace simplemente un par de décadas, de tal forma que ya se habla de la cuarta revolución industrial: la digitalización y la búsqueda de la sostenibilidad.

Y aquí vuelve a surgir el término sostenibilidad. Pues bien, a mi entender, el transporte y la movilidad, en términos generales, está influido por las nuevas tecnologías que están haciendo posible su transformación. ¿Cuáles son las tendencias que están ayudando a que la movilidad se modifique?
La primera es una combinación de tecnologías y las vías y los vehículos tienen en ellas un gran aliado. Otra de las tendencias es la movilidad local, la regulación y la nueva movilidad, los vehículos autónomos, las infraestructuras inteligentes y cualquier tecnología que actualmente se puede extrapolar al sector. 

Hasta ahora hemos hablado de la aportación de las nuevas tecnologías y la digitalización en la movilidad, pero me gustaría hablar del factor humano y el papel que juega, y jugará, en la sostenibilidad y la seguridad, lo que es sin duda un binomio indisociable. El factor humano no puede ser obviado, todo lo contrario, se debe hacer un gran esfuerzo para que sea integrado en las TIC porque, sin él, no habrá una movilidad segura y sostenible.

En las últimas semanas observamos cómo, en los medios de comunicación especializados, se habla del fuerte empuje del transporte y la logística en la economía nacional que actualmente supone un 8% del PIB, lo que viene a ser unos 11.000 millones de euros y da trabajo a más de 950.000 personas.
Difícilmente podremos hacer sostenible un sector si no incluimos a su capital humano.

Por otro lado, también tenemos conocimiento de las nuevas aportaciones tecnológicas de los vehículos a la seguridad y a una movilidad sin accidentes (al menos sobre el papel). Aportaciones tecnológicas que van desde asistentes de conducción, pasando por nuevos elementos de seguridad de los vehículos y acabando con el vehículo autónomo.

Pero una sociedad como la nuestra, que necesita un crecimiento continuo para salvaguardar lo que, en los países desarrollados, se llama el estado del bienestar, necesita de la industria y del consumo; actualmente el empuje de la economía hace que el flujo de mercancías crezca y ese crecimiento implica un reto para la movilidad y la seguridad. Este proceso es de tal magnitud que solamente el transporte de mercancías necesita en estos momentos entre 10.000 y 15.000 conductores. Se habla de que, entre el transporte de mercancías y viajeros, en la UE hacen falta más de 50.000 conductores.
Pero la falta no es únicamente de conductores sino que se necesita capital humano. Y ahí radica uno de sus grandes retos: conseguir capital humano cualificado que cubra las necesidades actuales y futuras.

Es por ello que los nuevos conductores profesionales deben estar dotados de nuevas competencias que cubran sus carencias e impulsar además la adquisición de competencias tecnológicas, idiomas, automatización de procesos, etc., pero sin la ayuda del sistema educativo será muy complicado que esto se consiga.  

Hemos visto que, desde el inicio de la aparición del automóvil, se han ido planteando retos y problemas que han obtenido una solución gracias a la tecnología aplicada al vehículo, a la ingeniería en las vías y a la regulación de las reglas de tráfico para que de esa forma se haya podido seguir avanzando. Se han conseguido desplazamientos más rápidos, transportar más carga que nunca y desplazar a un gran número de personas.

El factor humano ha sabido adaptarse a estos cambios y ha ido adquiriendo nuevas competencias que han permitido una interactuación con el resto de elementos del tráfico.
De esta forma, no podemos admitir pérdidas de vidas causadas por accidentes de tráfico a cambio de una movilidad absoluta y de un crecimiento social y económico.

La sociedad debe ser consciente que conducir y desenvolverse en la circulación conlleva un gran sentido de la responsabilidad y mucha empatía. Si bien es cierto que, en la actualidad, la cota de seguridad en nuestros vehículos es muy alta debido básicamente a la incorporación de elementos de Seguridad Activa y Pasiva y, gracias también a las nuevas tecnologías, es el conductor quien toma las decisiones, quien tiene la capacidad de hacer que todas esas ventajas, ofrecidas por los vehículos y por las vías, sean aprovechadas y contribuyan a conseguir el riesgo 0.

Actualmente, la diversidad de vehículos que se encuentran en las vías es muy amplia, sobre todo en las ciudades con la irrupción de vehículos eléctricos; el parque móvil eléctrico continúa aumentando, vehículos que no producen contaminación ambiental ni tampoco acústica y que aportan ventajas y problemas como la ausencia de ruido y el mal uso que algunos usuarios hacen de determinados vehículos de movilidad personal, poniendo en riesgo a las personas de edad avanzada que no pueden percibir su presencia ni tampoco reaccionar ante ella.

Para concluir, los conductores y el resto de usuarios de la vía deberán adaptarse al nuevo paradigma de la movilidad, tal como han hecho siempre, y dar respuesta a las necesidades creadas; deberán circular con la totalidad de sus capacidades y competencias, y yo añadiría, con responsabilidad, respeto y empatía. Hagamos nuestro el objetivo de 0 víctimas en nuestras vías.



[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Ferrocarril
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_del_autom%C3%B3vil
[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Accidente_de_Los_Alfaques
[5] ¿Es sostenible el modelo actual de transporte? Publicado en el Boletín FTP junio 2018 (Formación para el transporte profesional)

miércoles, junio 13, 2018

¿Es sostenible el modelo actual de transporte?

El crecimiento de las sociedades se evidencia más íntimamente con los cambios de paradigma a los que se ven sometidas. Los modelos económicos de gestión, por ejemplo, son modelos que se crean, se desarrollan y dejan de ser útiles.
Las personas estamos constantemente tras la mejora continua, una vez cubiertas determinadas necesidades, buscamos mejorar y crecer. Lo mismo le sucede a las sociedades, los modelos sostenibles son en la actualidad una cuestión que está en pleno debate y que aparece en todos los ámbitos, y el transporte y la logística no se encuentra ajeno a este debate.

Ante la pregunta sobre si es sostenible el modelo actual de transporte, la respuesta tiene tantas matizaciones como ámbitos tiene el transporte y la logística. Pero no tan sólo se debe pensar en la forma en que lo conocemos ahora, sino en cómo deberá de ser el día de mañana, cómo se proyectará en el tiempo y qué necesidades deberá cubrir. Ya no es suficiente con transportar, mover mercancías de un lugar  a otro y entregar, hay otros aspectos que cobran una importancia  capital: seguridad, limpieza, aplicación de nuevas tecnologías y estos aspectos  son los que van a medir la sostenibilidad del transporte. Todos ellos: seguridad, descarbonización, aplicación de sistemas inteligentes y automatización  junto con el transporte dan lugar a la concepción de movilidad. El modelo tradicional de transporte está superado. La sostenibilidad del transporte estriba en crear una  movilidad  segura, limpia y conectada o incluso autónoma.

En el año 2000, Nicholas Negroponte, gurú de las TIC, acuñó el término “indigentes digitales” que paradójicamente no está relacionado con ser del norte o del sur, ni tampoco con el nivel o potencial económico, pero sí que está relacionado con nuestra relación con las tecnologías de la información y la comunicación y con la era digital.

No paramos de innovar y desarrollar modelos económicos basados en la digitalización a una velocidad impensable hace simplemente un par de décadas, de tal forma que ya se habla de la cuarta revolución industrial.

Esta revolución influye en todos los estratos industriales y de servicios del sector primario al quinario. En el primario, la influencia de las nuevas tecnologías permite una mejora en la producción y el seguimiento de los alimentos, pudiendo ver desde el móvil, por ejemplo, el grado de humedad de nuestras plantaciones de tomates.
En el sector secundario, importantísimo desde el punto de vista del desarrollo, ya se habla de la industria 4.0.
En el terciario no podrían desarrollarse los servicios sin la ayuda de  Internet y de las APP. Especial interés tiene el sector cuaternario, el del conocimiento (consultoría, educación, investigación, etc.) y el quinario, cuyo nexo de unión entre sus diferentes ámbitos (salud, educación, cultura, actividad doméstica, etc.) es la sostenibilidad y la mejora de la calidad de vida de las personas.

Y aquí vuelve a surgir el término sostenibilidad. Pues bien, a mi entender el transporte, en términos generales, está influido por las nuevas tecnologías que están haciendo posible su transformación. ¿Cuáles son las tendencias que están ayudando a que el transporte y la logística cambien?
La primera es una combinación de tecnologías que digitaliza la cadena de valor del transporte y la logística. La segunda sería las marketplaces y plataformas de intermediación online para transformar y simplificar los servicios. También la experiencia del cliente es el objetivo (conocer sus usos, flujos y demandas) o el concepto de movilidad multimodal, pasando por el Car as a Service. Otra de las tendencias es la movilidad local, la regulación y la nueva movilidad, los vehículos autónomos, las infraestructuras inteligentes y cualquier tecnología que actualmente se puede extrapolar al sector1

Hasta ahora hemos hablado de la aportación de las nuevas tecnologías y la digitalización al sector del transporte y la logística, pero me gustaría hablar del factor humano y el papel que juega, y jugará, para la sostenibilidad del sector, lo que es sin duda un binomio indisociable. El factor humano no puede ser obviado, todo lo contrario, se debe hacer un gran esfuerzo para que sea integrado en las TIC porque sin él no habría sostenibilidad.

En las últimas semanas observamos cómo en los medios de comunicación especializados se habla del fuerte empuje del transporte y la logística en la economía nacional, que actualmente supone un 8% del PIB, lo que viene a ser unos 11.000 millones de euros y da trabajo a más de 950.000 personas2.
Difícilmente podremos hacer sostenible un sector si no incluimos a su capital humano.

El empuje de la economía hace que el flujo de mercancías entre productores, vendedores y clientes crezca y que ese crecimiento implique un reto transversal que va de la fabricación y el almacenaje hasta el transporte de esa mercancía, este proceso es de tal magnitud que solamente el transporte de mercancías necesita en la actualidad entre 10.000  a 15.000 conductores.

Si observamos la evolución en cuanto a ocupación, en la actualidad ya hay más empleos que en el momento de eclosión de la crisis en el año 2008; por lo que, no únicamente en el sector hay falta de conductores, también hay necesidad de trabajadores cualificados en toda la cadena de valor del sector. Y este es uno de sus grandes retos: conseguir un capital humano cualificado que cubra las necesidades actuales y futuras que los retos tanto de la digitalización como del comercio electrónico (e-commerce) han puesto encima de la mesa. Pero conseguir esta sostenibilidad no depende exclusivamente de las nuevas tecnologías, sino que el factor humano resulta determinante. Es necesaria  la formación, educación y sensibilización de conductores y profesionales del transporte y  la facilitación de la incorporación de la mujer a este nuevo modelo para avanzar hacia una movilidad sostenible.

Una tercera parte de los empleados en el transporte europeo superan ya los 50 años de edad; además, este sector está formado mayoritariamente por hombres, casi en un 79%, y tiene una representación femenina del 21%. Esta desproporción debería ser mejorada haciendo más atractivo este sector en todos sus ámbitos.
La Comisión Europea, consciente de ello, se ha plateado el objetivo de desarrollar una política con la finalidad de atraer a más mujeres a trabajar a este sector3.

Nuevos retos, nuevas necesidades, nuevas competencias para hacer frente a este cambio de paradigma siendo la formación la piedra angular del proceso.

La formación superior en el ámbito del transporte y la logística está consolidada y corresponde principalmente a los directivos y determinados perfiles con responsabilidades. Por otro lado, encontramos a faltar más empuje y más ayuda para implantar y potenciar de forma genérica en el ámbito educativo los grados medios y superiores y así continuar con el trabajo de implementación de la formación continua en las empresas; con ello conseguiremos dotar a este colectivo de las grandes competencias necesarias para el desarrollo de su actividad y, por ende, que sus valores sean reconocidos por la sociedad.

Atraer a nuevo capital humano que asuma como propio el sector pasa por ofrecer grandes y atractivos retos, así como la posibilidad de desarrollo personal. Entre todos debemos cambiar la imagen de un sector “refugio” y para ello es necesaria  la formación, la educación y la sensibilización de conductores y profesionales del transporte y facilitar la incorporación de la mujer para avanzar hacia una movilidad sostenible; y no cabe duda que la Empresa debe estar articulada desde la Educación, dando acceso a los jóvenes a la carrera del transporte y la logística en cualquiera de sus ámbitos, desde los más básicos a los intermedios y finalmente a las formaciones superiores.

Las carencias deben ser cubiertas e impulsar la adquisición de competencias tecnológicas, idiomas, automatización de procesos, etc., pero sin la ayuda del sistema educativo esto será muy complicado conseguirlo y hará que sigamos en el eterno bucle de no aproximarse al sector por la imagen poco atractiva que de él se ofrece.

Pero la realidad es completamente distinta para el transporte y la logística porque para el sector el futuro ya ha llegado y tienen una gran necesidad de capital humano que le ayude a explorar las nuevas oportunidades y haga frente a los nuevos retos.


Manuel Nogales
Director de Desarrollo
ETRASA


1 La transformación digital de los sectores del transporte y logística. Fundación Orange 2016
2 Instituto Nacional de Estadística EPA. Mayo 2018
3 López Leza Consultores
Publicado en el Boletín FTP (Formación para el transporte profesional)

martes, abril 10, 2018

30 víctimas y un elefante

En los últimos cinco años, a excepción de 2013 en el que se alcanzó la cifra más baja de víctimas de accidente de tráfico en Semana Santa con 24 fallecidos, la oscilación de accidentes y víctimas constata un estancamiento, con cierta inclinación al retroceso, en relación a la mejora de la accidentabilidad en nuestro país.

Hemos entrado en un ciclo en el que debemos analizar no únicamente lo que ocurre en nuestras carreteras con nuestros conductores, sino que además debemos observarlo con perspectiva y ojo crítico para encontrar el camino correcto y seguir la tendencia que nos ha acompañado durante décadas en la reducción de los accidentes, buscando con ahínco el riesgo 0. No acepto la explicación de encontrarnos próximos al “suelo” en el descenso de la accidentabilidad, ni tampoco que su desaparición es poco menos que utópica, como no me consuela la frase “cualquier tiempo pasado fue peor” a modo de complaciente conformismo.


A pesar de que el incremento de los desplazamientos influye en la accidentabilidad, así como el estado de las carreteras (necesitadas de una gran inversión) o del parque móvil, que está cada día más envejecido, no debemos olvidar que existen cuestiones mucho más profundas que están relacionadas con el factor humano.


Durante esta Semana Santa, de los 30 fallecidos a causa de accidentes de tráfico, 13 fueron por salida de la vía, lo que supone un escandaloso 43% que suscita la siguiente pregunta: ¿cuál es el nivel de atención que prestamos en nuestra conducción?
Sabemos que la salida de la vía es un cajón de sastre que suele contener diversos factores, pero no cabe duda que la distracción como único factor responsable o como factor concurrente, tiene mucho que ver.


Bajar la guardia durante la conducción es uno de los elementos detonantes del accidente y quizá sea una de las explicaciones del incremento continuado de la accidentabilidad en las carreteras convencionales; no se debe pasar por alto que 22 de las 30 muertes durante esta Semana Santa se han producido en este tipo de vías, un vergonzoso 73%.

Estos accidentes se han producido fuera de los días de la operación salida o retorno, se han originado durante los trayectos habituales en el lugar de vacaciones; esta es una de las razones por las que desde hace tiempo se subraya la importancia del factor humano en los accidentes de tráfico y, por ende, la necesidad de trabajar la concienciación y la formación de los diferentes usuarios de la vía.


Retomando los datos publicados por la DGT, y centrándonos en los fallecidos según su grupo de edad, observamos que no ha habido ninguna muerte en la franja de edad de 0 a 14 ni de 15 a 24 años, el resto de grupos de edad representan las 30 víctimas; llama la atención que, si sumamos los fallecidos en la franja de 65 a 74 (3) y de 75 a 85 (5), obtenemos un destacado 27% del total de víctimas cuando el grupo de edad de 65 a 85 representa únicamente el 14,33%* de la totalidad de conductores.


Esta cuestión incide en el debate abierto sobre la conducción de las personas de la tercera edad que, como de todos es sabido, crece día a día: en la actualidad los mayores de 65 años representan el 18% de la población y en 2030 será el 30%**. Este tema se deberá abordar con seriedad y comprensión ya que debemos hacer frente a la necesidad de movilidad de este colectivo y afrontar los problemas que de ello se deriven.


Es por todo lo expuesto que creo que debemos absorber y analizar con perspectiva, tal como indicaba el inicio, la aparición de nuevos elementos que entran en juego: vehículos cada vez más inteligentes, el crecimiento del número de personas mayores con necesidad de una movilidad activa y que se enfrentan a una circulación más compleja, además de los factores de riesgo clásicos. Este nuevo cambio de paradigma debe ser analizado y debemos hacerle frente lo antes posible.


Y ustedes se preguntarán, ¿y el elefante del título?


Pues la respuesta es bien sencilla, me gustaría evitar lo que se vivió en Suiza en los años 80 en relación a la muerte de seis vacas. La preocupación por este hecho fue tanta que el Parlamento abrió una investigación al respecto a causa de la repercusión que podría causar la muerte de estos animales. Durante ese mismo fin de semana, más de 6 personas morían a causa de los accidentes de tráfico, noticia que pasó casi “de puntillas” en los medios de comunicación.


Esta es reacción es la que me gustaría evitar, que al hablar de la Semana Santa de 2018 en nuestras carreteras se recuerde únicamente la muerte de un paquidermo que, sin ánimo de crear controversia, jamás tendría que haber viajado en un camión sino haber estado en su hábitat natural.



*Fuente: Dirección General de Tráfico. Censo conductores 2016
**Fuente: Revista Tráfico
Publicado en la Revista Travesía Nº 45 de 10 de abrirl